Lo que más desgasta tu auto no es un viaje largo
Aunque muchos creen que los trayectos extensos son los que más dañan un vehículo, la realidad es bastante distinta. Un viaje largo y constante, a velocidad estable, suele ser incluso más “saludable” para el motor que el uso diario corto y fragmentado.
El verdadero desgaste ocurre en otra parte: los recorridos breves. Encender el motor, avanzar pocos minutos, detenerse, volver a partir… ese ciclo repetido impide que el auto alcance su temperatura óptima de funcionamiento. En frío, el aceite no lubrica igual, las piezas trabajan con mayor fricción y el motor se esfuerza más de lo necesario.
A esto se suma el tráfico urbano: aceleraciones y frenadas constantes, cambios de marcha continuos y el motor funcionando sin descanso eficiente generan un desgaste progresivo que muchas veces pasa desapercibido.
También influyen otros factores cotidianos: neumáticos con presión incorrecta, frenadas bruscas, sobrecarga del vehículo o incluso dejar el auto mucho tiempo detenido sin uso regular.
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